Estados Unidos está inmerso hoy en los peores disturbios raciales desde el asesinato, en 1968, de Martin Luther King, el histórico líder de los derechos de los negros. La mecha de las protestas contra los abusos policiales y el racismo, que se han extendido por decenas de ciudades, fue la muerte por asfixia del afroamericano George Floyd el 25 de mayo en Minneapolis.
Un policía blanco se arrodilló sobre el cuello de Floyd durante varios minutos, una vez ya estaba esposado y pese a sus continuos ruegos advirtiendo de que no podía respirar. Ese grito -I can’t breathe, (no puedo respirar) se ha convertido, y no es la primera vez, en uno de los lemas de las protestas que recorren el país. El toque de queda sigue declarado en numerosas ciudades, las detenciones se cuentan por centenares (periodistas incluídos) y hasta Donald Trump se vio obligado a refugiarse el pasado viernes en el búnker de la Casa Blanca.
Al menos 75 ciudades de Estados Unidos, según un recuento del New York Times, vivieron en la noche del 1 de junio manifestaciones contra el racismo y la violencia policial contra las comunidades minoritarias. Y no menos de 11 estados (15 según la AFP) llamaron a la Guardia Nacional.
Algunas protestas se vieron empañadas por la violencia, como en Filadelfia, Dallas, Las Vegas, Seattle, Des Moines, Memphis, Los Ángeles, Atlanta, Miami, Portland, Chicago y Washington, así como la ciudad más grande del país, Nueva York. En el vasto vecindario de Brooklyn, casi 400 personas denunciaron la violencia policial contra la comunidad negra.
“Nos dicen que seamos el cambio, así que estamos ahí fuera hoy, mostrando nuestro apoyo. Para mostrar que la mayoría de la comunidad negra está protestando para denunciar lo que está pasando, no para saquear negocios. No podemos pensar que todos los que están ahí fuera sólo quieren destruir y saquear”, dice una manifestante en Brooklyn al micrófono de Loubna Anaki, corresponsal en Nueva York.
Al igual que en otras ciudades importantes del país (Los Ángeles, Houston, Atlanta), la alcaldesa de Washingon, Muriel Bowser, declaró un toque de queda el 1 de junio. Pero una multitud se reunió frente a la Casa Blanca para cantar eslóganes, encender fuegos y mostrar pancartas.
Según el New York Times, durante una manifestación similar fuera de su residencia el día anterior, el inquilino de la Casa Blanca fue llevado por agentes del servicio secreto a un búnker subterráneo.
?? El caos se apodera de Washington en otra noche de fuego y furia por George Floyd.
— La Vanguardia (@LaVanguardia) June 1, 2020
Varias columnas de humo se levantaban en los alrededores de la Casa Blanca cuando se activó el toque de queda, desoído por cientos de manifestantes.https://t.co/6k7QmKrsCz por @beanavarro pic.twitter.com/BFXDwj7pBL
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— Alerta News 24 (@AlertaNews24) June 1, 2020