Por: Gerson Villalta

Foto/ Cortesía

El pasado 10 de mayo, a Héctor Espinoza, empleado del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) de Honduras, le arrebataron la vida en su vivienda ubicada en colonia San Miguel en Tegucigalpa.

Según el Ministerio Público, Espinoza fue hallado sin vida con heridas de arma blanca. La única persona con él en ese momento era su pareja, una joven de entre 19 y 25 años.

Las autoridades indicaron que la joven llamó al 911, sin emabro, su relato cambió: primero dijo que un desconocido los atacó; luego confesó que fue ella quien hirió al hombre, quien tendría 51 años de edad.

La mujer, según el Ministerio Público ofreció dos versiones diferentes. En su primera declaración, aseguró que mientras ambos viajaban en un carro, un desconocido los interceptó y atacó con un cuchillo a Héctor.

Las inconsistencias en la escena del crimen rápidamente fueron aclaradas ante las investigaciones sobre la versión dada por la joven, pero después confesó que tomó un cuchillo y lo hirió, aunque se arrepintió, ya era demasiado tarde.

Una de las líneas de investigación sugiere que Espinoza estaba legalmente casado con otra mujer y que la joven detenida era su amante.

Sin embargo, vivían juntos en el apartamento de la San Miguel. Esta dinámica desigual de poder y edad también es un elemento que, para organizaciones defensoras de mujeres, no debe pasarse por alto.

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San Salvador, El Salvador

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